Ofrenda a Srila Prabhupada 2011


nama om visnu-padaya krsna-presthaya bhutale
srimate bhaktivedanta swamin iti namine

namas te sarasvate deve gaura-vani-pracarine
nirvisesa-sunyavadi-pascatya-desa-tarine

Muy querido Srila Prabhupada,

Por favor acepta mis humildes reverencias en el polvo de sus pies de loto.

Nuestros profundos sentimientos de agradecimiento siempre forman la base de nuestras ofrendas a Su Divina Gracia en el día de su aparición. Tales sentimientos me llegaron de una manera única y maravillosa este año. Justo cuando estaba preparándome para componer mi homenaje, un viejo amigo del colegio secundario llamó para decirme que me había enviado por e-mail un hermoso poema que había encontrado y que aseguró me encantaría leer. Aunque estaba corto de tiempo y realmente necesitaba comenzar a escribir mi ofrenda, mi curiosidad y mi amor por la poesía finalmente prevalecieron. Así que decidí tomarme unos minutos y darle una leída al poema. Resultó que la impresión que tuvo en mi fue abrumadora, llegando al mismo centro de mi corazón. Haciendo que lo recuerde a usted, fue justo la inspiración que necesitaba para escribir esta ofrenda. Ahora le envío el poema esperando que sea de su agrado:

“La mano del Maestro”

Estaba tan marcado y maltratado que
ni el subastador pensaba dedicar su tiempo al viejo violín,
pero en alto lo levantó y sonrió.
“¿Qué me ofrecen, amigos?” preguntó.
“¿Quién hará la primera oferta?”.
“Un dólar, un dólar. ¿Alguien ofrece dos?
¡Dos dólares! ¿Alguien tres ofreció? ”
“Tres dólares, a la una, a las dos y a las…”
¿No!
Un anciano de cabello gris
desde el fondo de la habitación
se acercó lentamente
y el arco del violín tomó,
sacudiéndole el polvo
las cuerdas flojas con cuidado ajustó,
y una melodía tan dulce tocó,

como creada por los ángeles a todos les pareció.
Terminada la melodía, el subastador, en voz baja y grave, preguntó:
“¿Que me ofrecen ahora por el viejo violín?”,
y en alto el instrumento levantó.
“Mil dólares, mil. ¿Alguien me da dos mil?
¡Dos mil, dos mil! ¿Alguien tres mil ofreció?
Tres mil dólares, a la una, a las dos y…
¡Por tres mil dólares se vendió!”
La gente entusiasmada aplaudía cuando alguien preguntó:
“¿Qué pasó? ¿Si no valía nada, por qué el valor del violín incrementó? ”
A lo que el subastador respondió:
“Porque la mano de un Maestro vida le dio”.
Así una persona con su vida maltratada
y marcada por el vicio al fin,
se subasta por nada
a una multitud despreocupada
al igual que el viejo violín.
 Por un plato de sopa, por un vaso de vino
hecha la jugada y siguen su camino.
Se vende a la una, se vende a las dos,
y ya casi esta vendido.
Pero el maestro llega a tiempo,
cuando el valor de un alma nadie puede entender,
o la transformación que en ella puede suceder
gracias a vida que la mano del maestro ha de traer.
(Myra Brooks Welch, “The Touch of the Master’s Hand”)

Cuán perfectamente describe este poema la profunda transformación que su amor y su amabilidad ha obrado en nuestras almas condenadas y olvidadas.

Cuán perfectamente usted sirvió como nuestro Maestro al buscarnos, levantarnos, limpiarnos, pulirnos, y hacernos bailar como sus títeres en la misión del Señor Caitanya.

Cuán profusamente debemos agradecerle por el milagro que usted obró. Todo lo que hemos hecho jamás, lo que estamos haciendo, y lo que haremos como sus sirvientes es el resultado de su divina intervención en vidas que de otra manera estaban condenadas al fracaso y el sufrimiento.

Cuando veo el vacío en las almas ateas que he conocido durante años, y cuando siento la soledad y la desesperación que continúa creciendo en sus corazones a medida que sus días llegan a su fin, me maravillo ante mi gran fortuna y le doy gracias a usted una y otra y otra vez. De algún modo usted ha escogido jalar esta alma poco merecedora del océano de miseria y otorgarme su eterno refugio.  

Oro para que mi aprecio hacia usted crezca con cada día y que yo nunca me canse de hacer saber que he sido realmente bendecido por la mano de mi Maestro.

Su sirviente más agradecido,
Gunagrahi Das Goswami.